Plaza España: de primerísima mano | Revista DC
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Plaza España: de primerísima mano

El Centro Comercial Plaza España es una isla limpia y tranquila en medio del caótico mar comercial de sus alrededores. Allí, más de 200 ropavejeros lavan prendas, tiñen chaquetas de cuero, remiendan zapatos, voltean cuellos de camisas y cosen bolsillos de pantalones antes de revenderlos.

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Con solo dar una vuelta al centro comercial, se descubre que su oferta es alucinante. La camiseta original de la selección para Rusia 2018, chaquetas Armani, cobijas con las que otros se arroparon, tacones de moda en los sesentas, botas Caterpillar en perfecto estado, tenis chinos y gringos, vestidos para quinceañeras, corbatas para todos los gustos, guayos As o Guayigol. Cualquier prenda que uno se imagine.

Para todos los presupuestos

Por la capacidad del bolsillo no hay que preocuparse. Quien se anima a visitar el lugar, que fue remodelado hace 11 años, puede salir bien librado con un billete de $2.000 o con uno de $100.000.

“Yo vendo bluyines para vestir desde $8.000, pero si son de trabajo le salen a $5.000. Hay camisas de $3.000 las más baratas, en muy buen estado. Y lo más caro que tengo son las chompas. Por esa pido $80.000, pero negociemos. Se la dejo en 50”, dice el ropavejero Armando Rincón, mientras señala una chaqueta que envidiaría cualquier harlista.

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Si uno se toma su tiempo, tras un primer vistazo a los locales, aumentan las sorpresas. Como en una caja de pandora de la moda, aparecen todo tipo de curiosidades. En uno de los pasillos, están la camiseta del Brasil de Zico, la del Tolimita subcampeón en 1981 o la del Zamalek egipcio; un par de tenis Prokeds que tuvieron su cuarto de hora en los ochentas y un vestido de paño Arturo Calle “en apenas 50 lucas”.

En el siguiente pasillo las novedades no disminuyen: las camisetas con las que Nairo, Rigo y el Chavito conquistan las cumbres europeas; un ajuar para recién nacidos; disfraces de Pedro Picapiedra y Vilma para románticos del Halloween y gorras de Star Wars, el Acueducto de Bogotá o Ernesto Samper Pizano al Senado.

Un viaje pluricultural

El lugar, como buen centro comercial, cuenta con rampas de acceso para discapacitados, vigilancia privada, letreros de prohibido fumar, extintores, restaurantes y baños. Además, es un viaje por el tiempo, por las preferencias musicales de los colombianos y sus diferentes acentos, por décadas de moda.

En una hora de visita suenan Diomedes Díaz, Calle 13 o el Grupo Niche. Así mismo, atienden un culebrero paisa, una matrona costeña o un rolo de pura cepa.

Cada mañana, los salderos (como se conoce a quienes recorren los barrios en busca de ropa usada) llegan con sus bultos para negociarlos. También aparecen personas a las que les faltan algunos pesos para los servicios públicos y jóvenes que tienen la intención de intercambiar prendas para remodelar sus armarios.

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“Acá se compra y se vende, nuevo y de segunda. De dos mil para arriba. Vienen clientes de estrato bajo y personas de estrato alto buscando cosas clásicas. También es común que nos visite la gente del teatro y la televisión, buscan prendas para sus personajes”, comenta José Luis Aldaña, ropavejero con 11 años de experiencia.

Al mediodía, después de haber negociado con los salderos y dejado reluciente el lugar a punta de buena voluntad, escoba y trapero, los ropavejeros se relajan mientras esperan clientes. Conversan de fútbol, de política, del fin de semana. Toman tinto o gaseosa, comen papas rellenas y empanadas mixtas.

Con los brazos abiertos

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Como tantos otros lugares del centro, la Plaza España lucha día a día contra la mala fama que espanta clientes. Sin embargo, al recorrer la zona queda en evidencia que los días peligrosos son asunto pasado. “Este sitio ahora es sano, usted puede pasar por el parque y no hay problemas, tenemos muy buena seguridad adentro y en los alrededores”, asegura Lida Jiménez.

La mujer sabe de lo que está hablando. Llegó a la plaza hace 40 años desde Manzanares (Caldas). “Nos visitan todo tipo de clientes: para llevar ropa a las fincas, los del teatro, los que quieren hacer negocio en los pueblos, los que revenden en las compraventas de Chapinero, las mamás aburridas de que los chinos sean acabachiros. Los esperamos para que comprueben que solo somos gente trabajadora”.

Sus colegas le dan la razón. “Son bienvenidos, los estamos atendiendo con los brazos abiertos”, dice Carlos Murillo, un ropavejero con 35 años en el negocio.

Dónde: Calle 11 No. 19-27

Horario: lunes a domingo, 9:00 a.m. a 6:00 p.m.

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