La supervivencia de los pasajes bogotanos | Revista DC
Pasaje Rivas Pasaje Rivas

La supervivencia de los pasajes bogotanos

Entre los tres suman más de 330 años de historia. Los pasajes Rivas, Gómez y Hernández, incrustados en el corazón de Bogotá, han sobrevivido a la llegada de los centros comerciales y a la transformación de una pequeña aldea en una ciudad cosmopolita.

Se pueden visitar en un mismo día, pues están separados por cuadras. La estación de TransMilenio San Victorino, ubicada en la carrera dé cima con Avenida Jiménez, es la ideal para llegar al lugar. De paso, se puede aprovechar para comer en alguno de los restaurantes de la zona y para pasear, entre extranjeros y paisanos de toda Colombia, por una zona con las expresiones más fidedignas de la idiosincrasia nacional.

pasaje rivas

Su construcción fue inspirada por hitos de la arquitectura europea. Los pasajes comerciales londinenses The Royal Exchange (1566) y Burlington Arcade (1819) y el parisino Galerie d’Orleans (1830) sirvieron como modelo.

En sus comienzos, las tejas de barro, la tapia pisada y el adobe les dieron el toque criollo a los lugares en los que los habitantes de la vieja Santa Fe se reunían, comerciaban y conversaban sobre los temas de interés común.

Pasaje Rivas, entre los mayoristas y los extranjeros

Fue fundado en 1893 y el pasado 19 de marzo cumplió 125 años. “El pasaje se mantiene igual, gracias a Dios, con buenas artesanías y precios económicos. De unos años para acá hay más extranjeros, que compran uno que otro detalle. El que sí lleva al por mayor es el colombiano”, comenta Ibaldo Bermúdez Peña. Chivas, hamacas, mochilas, machetes, sombreros, carrieles, canastos, bastones, baúles, alcancías, ruanas, toldillos, alpargatas, cobijas, percheros y cunas hacen parte de la oferta actual. Hay todo tipo de suvenires, desde $1.000 en adelante, con los colores de la bandera.

Dónde: Carrera 10 No. 10-54

Pasaje Mercedes y Pasaje Gómez, sobrevivientes de un divorcio

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Aunque son el mismo, cada una de sus entradas tiene un nombre diferente desde que sus propietarios se separaron y decidieron quedarse cada uno con la mitad del lugar.

“Yo vendo ropa para primera comunión, bautizos, grados, matrimonio; en paño, lana o lino. Por ejemplo, ese frac es para un niño de meses y cuesta $ 80.000”, comenta Javier Guzmán.

El lugar ofrece productos chinos, artículos de belleza y deportivos, ropa para niños y adultos, juguetes y sombrillas para el invierno reinante.

Dónde: Calle 11 No. 10-26

Pasaje Hernández, el primer centro comercial bogotano

Los días en que los cachacos más elegantes mandaban a coser su ropa a los mejores sastres de la ciudad se resisten a quedar en el pasado. Aún hay varios almacenes de confección, en el segundo piso, donde se puede encargar pantalón y chaqueta por solo $150.000. Abajo hay papelería, peluquería, fotocopiadora, café Internet y algunos locales de ropa. El restaurante árabe Sahara y el peruano La Octava le dan caché al lugar.

“La clientela son los oficinistas. Hay corbatines desde $5.000. Por $500.000 tenemos la pinta completa en paño, con camisa, chaleco y pañuelo para el bolsillo”, comenta Silvia Cardozo. “Yo invito a la gente de patrimonio cultural a que hagan algo por el lugar, es muy bonito y tiene la historia de la ciudad”, añade la propietaria de Confecciones Romanoff.

Dónde: Calle 12 No. 8-62

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